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¿Dónde estará ese bastardo…?

noviembre 14, 2007

Voy a relatar la historia que viví hace aproximadamente 3 años, en el transcurso de una gélida noche de invierno. Fue algo realmente inesperado, algo que salió de mis más ocultos adentros.

Había pasado la noche en la discoteca que frecuentábamos los sábados por la noche, y a eso de las 5 de la mañana decidí que era hora de evacuar. Hasta entonces, había sido una noche memorable, existió una harmonía inusitada entre todos nosotros y el alcohol nos colocó en un punto agradable. Un par de amigos se fueron conmigo, pero en dirección contraria a la mía. Afortunadamente, mi domicilio se localizaba a unos pocos cientos de metros del local.

Pues bien, al salir del recinto escuché unos gritos lejanos, pero no eran unos gritos cualquiera… se trataba de una voz femenina. Al instante, intenté captar la procedencia exacta de aquellas voces que, sin hacerlo explícito, pedían auxilio desesperadamente. Entonces, divisé a lo lejos a un chico que, a base de empujones, empotraba a una chiquilla contra la pared, suceso acompañado de amenazas y bofetadas varias. Mi mente comenzó a centrifugar…

Lo primero que hice fue meter mi mano al bolsillo y encenderme un cigarro, que me ayudó a calmar la tensión que ya estaba viviendo. Me di cuenta que estaba fumando de manera compulsiva, al mismo tiempo que quemaba el cigarro convirtiéndole en algo infumable. A todo esto, aquel hijo de puta seguía amargando la noche de aquella pobre chica…

Finalmente, y sin tapujos, me dirigí hacia el punto estratégico. Ella me vio acercarme durante mi travesía, pero él, cegado en su ser, continuaba dando muestras de su hombría. A mí me acompañaban las horas de gimnasio que empleaba cada día en mancuernas y máquinas, y aunque aquel cabrón tenía una complexión mucho más rolliza que yo, pensé que no superaría ni mi diálogo ni mi fuerza bruta. Una fuerza bruta que nunca había tenido necesidad de utilizar… hasta ese instante.

– ¿No te da vergüenza, hijo de perra? – fueron las palabras que dirigí a ese individuo después de tocar su hombro.

– ¿Quién cojones eres? – respondió, visiblemente afectado por el efecto del alcohol y las drogas.

– Soy un tío más sensato que tú… – Acto seguido, a causa de un nervio y una garra que desconocía en mí, le cosí a golpes sin ningún tipo de contemplación. Descargué en ese cabrón toda la ira que había acumulado durante esos minutos, ante la atónita y desconsolada mirada de aquella pobre chica.

Tras este episodio, mi consciencia dudaba entre socorrer médicamente a ese maltratador o socorrer a la chica maltratada. A día de hoy no se aún si actué correctamente, pero me decanté por coger el coche y llevarla a su casa, a 9 kilómetros de mi casa. Me explicó toda su situación familiar y especialmente con ese chico, a lo que obtuvo nada por respuesta.

Nunca jamás he sabido del paradero de esta chica. La he intentado encontrar muchas veces en esa misma discoteca, aunque siempre sin éxito.

Es sin duda un acontecimiento que hay que vivir personalmente para comprenderlo, pero… ¿qué habrían hecho? ¿Creen que actué bien?

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4 comentarios

  1. Realmente no sé qué habría hecho, en cualquier caso lo que te puedo decir es que es posible ( y sin saber porqué) que al día siguiente la chica llamara al cabrón ese.

    Gran post.


  2. @gurb,
    Puedo asegurarte que tienes toda la razón. No puedo confirmártelo, pero es que aquel tío cumplía el perfil de maltratador a la perfección, y ella el de maltratada que espera eternamente a que él cambie. A pesar de que eran casi las 6 de la mañana, lo vi muy claro.
    ¡Saludos!


  3. fffffffffffffffff, yo es que me caliento, pero nunca me he liado a tortas. El gimnasio seguro que ayuda. Y los cubatas de más (sin excesos) también. Actuaste bien, sin duda. Lo que pasa es que luego, a alguno esas aventuras no le salen bien, como el valenciano del mes pasado, ¿te acuerdas? Un saludo.


  4. @Johnny,
    el gimnasio ‘ayudaba’ ;-)… en aquella época llevaba un buen tiempo con las pesas y me veía robusto, capaz de superar, por ejemplo, a aquel energúmeno. Sin embargo, sé que sin esos cubatas a los que haces referencia no habría tenido cojones a hacer nada, puesto que soy muy pacífico. La noche…
    Sí, lo recuerdo, de hecho pasé por el lugar de los hechos hace unos días… otro hijo de puta.
    ¡Saludos!



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